
Valley busca impulsar el riego en Argentina con más tecnología y eficiencia productiva

Nahuel Lo Cane asumió hace apenas cuatro meses como Gerente General de Valmont Industries de Argentina, pero su recorrido en el agro suma treinta años entre insumos, semillas y agronegocios en Argentina, Brasil y Estados Unidos. “Trabajé casi tres décadas en el sector y viví cinco años en Indianápolis e Iowa. Volví al país en 2019, donde tuve distintos roles”, recordó.
La propuesta de Valley - dice - lo sedujo desde el primer minuto: “Me encantó el concepto de riego, la posibilidad de crecer en productividad y el impacto que tiene no solo en el agro sino en regiones enteras”.
El riego en Argentina
Según la FAO, Argentina tiene capacidad para regar 8,5 millones de hectáreas. Sin embargo, hoy solo se riegan unas 2,5 millones, de las cuales 1,5 millones siguen bajo el sistema tradicional por gravedad. El resto, alrededor de un millón, se reparte entre pivotes de aspersión y riego por goteo.
El problema, explica Lo Cane, es el bajo ritmo que se agrega superficie regada a la producción. “Son unas 30.000 hectáreas por año, lo que representa un crecimiento cercano al 4,5% anual”, precisó.
Para Valley, el desafío es quebrar esa inercia. “La oportunidad está en acelerar la conversión de áreas de secano a áreas bajo riego”, explicó.
Lo Cane reconoce que las condiciones macroeconómicas siguen siendo la mayor barrera para que las inversiones escalen. “El primer cálculo que hace un productor es en cuántos años recupera la inversión. Cuando los precios de los commodities no acompañan y además existen retenciones, el plazo de repago se extiende”, afirmó.
En otros países, el retorno de un equipo puede lograrse en tres o cuatro años. En Argentina, hoy ese plazo trepa a ocho. A eso se suma el costo del financiamiento: “El riesgo país bajó fuerte después de las elecciones, pero las tasas siguen altas. Con tasas razonables y precios razonables, la demanda se dispararía”.
Maíz: el cultivo que más evidencia la diferencia
Lo Cane sostuvo que el maíz es el cultivo donde el riego muestra con mayor claridad su impacto económico. “El cultivo que con mayor claridad muestra el impacto del riego, tanto en productividad como en rentabilidad, es el maíz”, afirmó, y explicó que en zonas con 800 o 900 milímetros anuales la brecha productiva ronda los 3.000 kilos por hectárea. En esos ambientes, un productor que usualmente logra entre 9.000 y 10.000 kilos puede alcanzar sin dificultad los 13.000 kilos bajo riego.
El directivo señaló que en regiones más secas el salto es todavía mayor, porque el piso productivo es mucho más bajo. “En zonas de 600 milímetros se siguen logrando esos 13.000 kilos, pero la base es de 7.000 kilos. Cuanto más seco es, más diferencia de productividad tenés”, detalló. También indicó que en trigo y soja se observan incrementos significativos —de entre 1.500 y 2.000 kilos— aunque la rentabilidad decisiva sigue estando en el maíz.
Lo Cane remarcó que, en muchas zonas, los productores suelen evitar el maíz en la rotación por el riesgo climático o por la calidad de los suelos, pero el riego cambia el escenario. Según explicó, esta tecnología “garantiza una rotación completa y una consistencia en la producción” que reduce la incertidumbre y permite planificar a largo plazo, incluso en campañas secas.
Sin embargo, advirtió que incorporar riego exige un salto en la intensidad del manejo. “Te obliga a manejar el campo como un Fórmula 1”, describió, y enumeró los requisitos: máxima densidad, máxima fertilización, el mejor híbrido y un seguimiento permanente del lote. Para Lo Cane, el riego implica “ir a otros niveles de producción” y adoptar una cultura de manejo más exigente y profesionalizada.
Valley: liderazgo, tecnología y servicio
En Argentina, Valley sigue siendo el jugador dominante del mercado. Desde los inicios del riego moderno en el país, el market share oscila entre 65% y 70%. Lo Cane subraya que la fortaleza de Valley no es solo el equipo en sí mismo: “Detrás del pivot hay mucha tecnología y un sistema de distribución muy robusto, con instalación, mantenimiento y un soporte que es difícil replicar”.
Este año la compañía lanzó AgSense 365, una plataforma que integra información climática, agronómica y operativa del pivot. “Desde la oficina se puede operar el equipo, recibir alertas, analizar necesidades de riego y hasta reducir riesgos de seguridad. Juntamos toda la información para mejorar la eficiencia del uso del agua y de los costos”, detalló.
La relación con el productor, agregó, es de largo plazo: “Un equipo dura 30, 40 años. Es una relación de décadas. Lo usual es que quien ya tiene riego compre un nuevo equipo para ampliar, no que venda uno usado”.
En este contexto, el 2025 Valley cerrará con ventas similares a las de 2024, aunque por debajo de lo proyectado. “Hubo un freno muy grande preelecciones: subieron las tasas y se frenaron las decisiones”, explicó Lo Cane.
Impacto ambiental y eficiencia
Lo Cane advirtió que el uso de agua por gravedad sigue siendo dominante en muchas regiones del país debido a la ausencia de incentivos para mejorar la eficiencia hídrica. “En Argentina hoy no hay una ‘penalidad’ por el uso ineficiente del agua”, señaló, y explicó que muchos productores consideran que acceder al recurso por manto no les genera ningún costo adicional.
Según describió, en otros países sucede lo contrario: “La utilización del agua tiene un costo y el Estado cobra un fuerte impuesto, lo que impulsa a los productores a ser más eficientes”.
En ese contexto, afirmó que los sistemas presurizados, como la aspersión, permiten un uso mucho más racional del recurso. Lo Cane explicó que, cuando un productor busca eficiencia real, “automáticamente se orienta hacia tecnologías como los pivotes”, ya que son “muchísimo más eficientes que el riego por manto o gravedad”. Para Valley, la brecha tecnológica en el manejo del agua sigue siendo una de las grandes oportunidades del país.
De todos modos, el ejecutivo reconoció que aún no existe un incentivo económico suficientemente fuerte para acelerar la transición. “No hay un estímulo claro para que el productor cambie de sistema”, admitió. Sin embargo, aseguró que una parte central del trabajo de la compañía es demostrar que con estas tecnologías “se mejora mucho la eficiencia y el impacto ambiental”, un argumento que —según dijo— empieza a pesar cada vez más en las decisiones de inversión.
“Estamos en el negocio adecuado, en el país adecuado”
Lo Cane deja un mensaje claro para los productores: “Si hay un sector donde vale la pena invertir en Argentina es el agro. El potencial es enorme. Venimos apostando hace 50, 60, 80 años y este es otro momento para apostar”.
Y concluye: “La tecnología está, el conocimiento está y el productor argentino tiene el impulso innovador que empuja hacia adelante. El riego es una de las grandes oportunidades para el futuro del país”. Fuente: Clarin (MasRiego)


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