
En Uruguay, el riego marca la diferencia

La campaña agrícola mostro dos realidades muy diferentes en el centro de Uruguay. Mientras el maíz bajo riego alcanzó rendimientos cercanos a los 12.900 kilos por hectárea y logró sostener la rentabilidad, la soja en secano registró promedios de alrededor de 1.500 kilos por hectárea, dejando resultados económicos negativos para gran parte de los productores. El escenario está redefiniendo las estrategias productivas y reforzando el interés por cultivos de invierno como la colza y la carinata.
El análisis fue realizado por el ingeniero agrónomo Francisco Bianco, asesor agrícola en el centro del país, quien destacó que la disponibilidad de agua fue el factor determinante de la zafra.
Los sistemas de riego aplicaron entre 400 y 450 milímetros de agua durante el ciclo productivo, prácticamente el doble de lo utilizado el verano anterior. Esa diferencia permitió sostener altos niveles de productividad incluso en un año marcado por condiciones climáticas adversas.
Según Bianco, los costos operativos del riego rondaron los US$ 200 por hectárea para sistemas que aplicaron alrededor de 400 milímetros, llevando los costos directos totales del cultivo a entre US$ 1.400 y US$ 1.500 por hectárea, sin considerar amortizaciones ni renta.
"La diferencia entre tener riego y no tenerlo fue determinante esta campaña", señaló el especialista al comparar los resultados obtenidos dentro y fuera de los pivotes de riego.
La soja sintió el impacto de la falta de agua
La situación fue muy distinta para la soja en secano. Las siembras tempranas, realizadas entre fines de octubre y comienzos de noviembre, fueron las más afectadas por la escasez hídrica y en muchos casos registraron rendimientos de entre 1.500 y 2.000 kilos por hectárea.
Los lotes sembrados más tarde mostraron un mejor comportamiento y algunos alcanzaron entre 2.300 y 2.600 kilos por hectárea, aunque no lograron modificar el resultado general de la campaña.
El promedio final, considerando grano seco, sano y limpio, se ubicó cerca de 1.500 kilos por hectárea, un nivel que, según Bianco, deja márgenes negativos para la mayoría de los establecimientos agrícolas.
La disparidad de resultados también está impulsando nuevas inversiones en infraestructura de riego. En distintas zonas del centro del país se observan proyectos en marcha y nuevas obras, favorecidas por incentivos a la inversión, aunque los productores siguen señalando dificultades vinculadas a los costos y trámites para acceder a conexiones eléctricas.
Colza y carinata lideran la estrategia para el invierno
Con la cosecha de verano prácticamente finalizada, la atención se concentra ahora en los cultivos invernales. En este escenario, las brásicas aparecen entre las opciones más atractivas para los productores.
La colza mantiene un fuerte ritmo de implantación y gran parte del área prevista ya fue sembrada. La carinata, por su parte, continúa despertando interés gracias a sus precios y a la incorporación de híbridos de ciclo más corto que permiten una mejor integración con la soja de verano.
A pesar de algunos cambios en los programas comerciales de la oleaginosa, Bianco señaló que la carinata sigue ofreciendo números competitivos y ventajas agronómicas relevantes. Entre ellas mencionó su rusticidad, su capacidad para competir con malezas y una mayor tolerancia a bajas temperaturas en comparación con la colza.
Para trigo y cebada, las perspectivas también mejoraron respecto a meses atrás. El incremento del precio internacional del trigo y una moderación en los valores de la urea favorecieron las proyecciones económicas para la nueva campaña.
Además, los análisis de suelo muestran niveles relativamente elevados de fósforo y potasio debido a la menor extracción generada por los bajos rendimientos de soja, una situación que podría permitir ajustes en la estrategia de fertilización y reducir costos.
De cara a la nueva campaña, los técnicos recomiendan diseñar la siembra lote por lote, priorizando campos con mejor drenaje y potencial productivo. (MasRiego)


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