El dilema de la irrigación del café en Brasil

Brasil está intensificando la irrigación en un intento por proteger los cultivos de una sequía que no deja de empeorar. Los precios del Arábica alcanzaron máximos históricos en 2025. Solo el 30 % de las explotaciones agrícolas son de regadío. Hay 60 millones de hectáreas que muestran potencial, lo que impulsa una búsqueda de acceso al agua
Internacionales31/03/2026 Laura Lugones

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Brasil, responsable de más de un tercio de la producción mundial de café, está recurriendo cada vez más a los sistemas de regadío como defensa contra las lluvias irregulares y las sequías intensificadas, una estrategia que, en última instancia, podría agravar el problema.

El cambio es especialmente notable en el estado de Minas Gerais y en la árida región nororiental de Bahía, donde la tradicional dependencia de la agricultura de secano se ha vuelto más arriesgada ante el cambio climático.

Los caficultores han confiado desde siempre en las abundantes lluvias primaverales y estivales de Brasil, considerando las sequías como poco frecuentes. Como resultado, solo alrededor del 30 % de las fincas están equipadas con sistemas de irrigación, según estimaciones del sector.

Empieza a haber un cambio tras la sequía del año pasado. Aunque la instalación de los sistemas de regadío tiene un costo, especialmente para las fincas situadas lejos de las fuentes de agua o donde el agua subterránea se encuentra a gran profundidad.

También, conlleva un costo medioambiental que termina alimentando un círculo vicioso: el cambio climático intensifica los periodos de sequía, lo que impulsa un aumento del riego para satisfacer la demanda, lo que a su vez ejerce presión sobre los ecosistemas y puede agravar las condiciones de sequía en el futuro.

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El riego no es la panacea

“La irrigación es el tema principal en la agricultura brasileña en este momento”, afirma Felipe Croce, cofundador y director ejecutivo de FAFCoffees, una exportadora asociada a la Fazenda Ambiental Fortaleza (FAF) en Brasil. “No solo en Bahía, sino en todos los estados, incluidas zonas que antes eran más húmedas, como Sul de Minas”.

“Se han introducido algunas mejoras en la tecnología, como el uso de un riego por goteo más preciso que desperdicia menos agua que el riego por aspersión con pivote central. A pesar de eso, tal y como se usa ahora la irrigación, en sistemas convencionales de monocultivo, será excesiva y agotará nuestros acuíferos y ríos”.

“Es necesario definir claramente qué es el riego responsable y establecer límites a su uso. Esto debe ir acompañado de prácticas agrícolas sostenibles para reducir la evapotranspiración. La forma en que se están haciendo las cosas ahora es una receta para el daño medioambiental y los inevitables conflictos por los derechos sobre el agua”.

A medida que aumentaron los precios mundiales del café, los productores han buscado cualquier medio para estabilizar su producción y asegurar mayores ingresos. Según la Confederación Brasileña de Agricultura y Ganadería (CNA), Brasil tiene uno de los mayores potenciales del mundo para la expansión del riego, con unos 60 millones de hectáreas aptas para la agricultura de regadío en función del suelo, el clima y la disponibilidad de agua.

Aunque el regadío no es la panacea. Los costos de inversión son elevados y las infraestructuras, en particular los derechos de uso y acceso al agua, siguen siendo un reto.

La tecnología y el capital

En Bahía, crece la preocupación por la sostenibilidad de la extracción de aguas subterráneas y el desvío de ríos. El río São Francisco, del que dependen muchas explotaciones agrícolas, se enfrenta a una presión cada vez mayor, ya que casi el 81 % de sus extracciones totales de agua se destinan al regadío, según las autoridades nacionales responsables del agua. Mientras tanto, los datos satelitales de la Agencia Nacional del Agua (ANA) de Brasil muestran que los niveles de agua subterránea en algunas partes de la región han disminuido en la última década, debido a la competencia entre las demandas agrícolas y municipales.

Dado que la demanda internacional de café se mantiene implacable y los modelos climáticos pronostican una mayor variabilidad de las precipitaciones en Brasil, el regadío está pasando de ser una opción a ser una necesidad imperiosa.

El resultado es una silenciosa remodelación de la economía cafetera de Brasil, donde la tecnología y el capital se están convirtiendo en factores diferenciadores clave entre quienes prosperan y quienes simplemente sobreviven.

Riesgos climáticos y estrategias económicas

Los agricultores brasileños son expertos en lidiar con la incertidumbre, pero los últimos años han puesto a prueba incluso su resiliencia. 

Las graves sequías de 2021 y 2022 provocaron una de las peores cosechas de café en dos décadas, con indemnizaciones a los agricultores que se cuadruplicaron en comparación con el año anterior, causando una conmoción en las cadenas de suministro mundiales.

En 2025, Brasil se encontró de nuevo en las garras de una sequía, con previsiones de condiciones meteorológicas extremas, lo que suscitó preocupación en el sector agroindustrial.

Los precios de los futuros subieron en respuesta a eso y el Arábica superó los US $4,30 la libra, alcanzando máximos históricos. Una encuesta de Reuters sugirió que estos altos precios podían frenar la demanda y provocar una disminución del 30 % en los futuros del Arábica para finales de 2025.

Algunos observadores del sector señalan que las narrativas sobre el mal tiempo, ya sean orgánicas o amplificadas, tienen consecuencias en el mercado. Si bien los productores se enfrentan a dificultades reales, los rumores sobre la escasez suelen empujar los precios al alza, alimentando un ciclo de especulación y alarma mediática.

“La cuestión del suministro impulsado por el clima es, por desgracia, una realidad”, afirma Felipe. “Llevamos cinco años consecutivos lidiando de primera mano con retos relacionados con el clima. Esto está afectando el suministro y obligando al resto del mundo a tomar nota por fin. La diferencia clave ahora es que ya no se puede ignorar el origen, ni siquiera por parte de aquellos que antes miraban hacia otro lado”.

Una gestión responsable

Esta llamada de atención, sin embargo, suele ocultar problemas estructurales más profundos. El acelerado giro de Brasil hacia el regadío, como respuesta a las lluvias cada vez más irregulares, refleja una tendencia global más amplia: la carrera por aislar la agricultura de las crisis climáticas, a menudo a costa del medioambiente o de la sociedad.

El acceso al regadío no es igualitario. Las explotaciones agrícolas más extensas y con mayor capital pueden invertir en infraestructuras, variedades resistentes a la sequía y tecnología climática. Las explotaciones más pequeñas, especialmente en regiones como Espírito Santo o Pará, suelen carecer de estos amortiguadores, lo que las deja más expuestas y con menos opciones de ser competitivas.

También, crecen las preocupaciones medioambientales. En Bahía, por ejemplo, los críticos han señalado la deforestación y la presión sobre los humedales relacionada con la expansión de los regadíos. El río São Francisco, una fuente vital para muchas explotaciones agrícolas, está sometido a una presión que no cesa de incrementarse. 

En este contexto, la forma en que Brasil gestione la productividad y la responsabilidad ecológica determinará no solo las exportaciones, sino su reputación mundial. En un entorno donde los compradores se encuentran sometidos a un escrutinio cada vez mayor en materia de ESG, la producción sostenible ya no es opcional.

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Equilibrar las necesidades a corto plazo con la sostenibilidad a largo plazo

El auge de los regadíos en el cinturón cafetero de Brasil pone de relieve la tensión entre la necesidad a corto plazo y la sostenibilidad a largo plazo. 

Por un lado, nadie discute la necesidad de proteger los medios de vida y satisfacer la creciente demanda mundial. Por otro, la irrigación plantea compensaciones en materia de recursos en un país ya afectado por la deforestación, la desertificación y la escasez de agua.

Brasil ha tomado algunas medidas para conciliar estas presiones. El gobierno federal se ha comprometido a ampliar el apoyo técnico para la gestión del riego y está impulsando una mayor adopción de la agricultura de precisión, hasta el punto que algunos califican la irrigación como “la cuarta revolución agrícola” en Brasil. 

También, se están llevando a cabo programas para desarrollar variedades de café climáticamente inteligentes, resistentes a la sequía y con menor demanda de agua. Mientras tanto, algunas cooperativas están probando sistemas de riego por goteo y de monitorización del suelo mediante sensores para reducir el desperdicio de agua.

La ampliación de estas innovaciones sigue siendo un reto. Según el Ministerio de Agricultura, solo alrededor del 12 % de la superficie agrícola total de Brasil está irrigada, lo que sugiere un enorme potencial sin explotar, pero también obstáculos logísticos. En el caso concreto del café, la adopción es desigual, favoreciendo en gran medida a las explotaciones comerciales de Arábica con acceso al crédito y a los mercados de exportación. 

El apoyo importa más que nunca

Los pequeños agricultores suelen carecer de los recursos necesarios para realizar la transición.

Esta asimetría corre el riesgo de exacerbar las desigualdades dentro del sector y socavar la narrativa más amplia de la sostenibilidad. La paradoja de la adaptación al cambio climático es que puede reforzar las mismas vulnerabilidades que pretende abordar, a menos que se combine con políticas inclusivas. 

Esto incluye el apoyo a los marcos de gobernanza del agua, la financiación rural y las salvaguardias medioambientales.

“El apoyo es fundamental”, afirma Felipe. “Necesitamos iniciativas tanto de las empresas como del gobierno para ayudar a educar a los pequeños agricultores en técnicas sencillas y eficaces que les faciliten hacer frente a la sequía, el calor y otros retos climáticos”.

“Igualmente importante es el apoyo de los consumidores, que deben optar por respaldar a los pequeños agricultores y las explotaciones regenerativas. Sin eso, la brecha no hará más que aumentar”.

Conclusiones finales

Al final, el futuro del café puede depender menos de las precipitaciones que de la regulación y la redistribución. El mercado mundial quiere más granos y los agricultores brasileños, resilientes e ingeniosos, están listos para suministrarlos. 

¿A qué precio y con el agua de quién? Esa es la pregunta que los responsables políticos, los actores de la industria y los consumidores deben afrontar antes de que golpee la próxima sequía. (MasRiego)

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