
Brasil está intensificando la irrigación en un intento por proteger los cultivos de una sequía que no deja de empeorar. Los precios del Arábica alcanzaron máximos históricos en 2025. Solo el 30 % de las explotaciones agrícolas son de regadío. Hay 60 millones de hectáreas que muestran potencial, lo que impulsa una búsqueda de acceso al agua






