
Los condicionantes la para la expansion del riego en Brasil

La Republica Federativa del Brasil podría protagonizar una de las mayores expansiones de agricultura irrigada del mundo durante los próximos años. Especialistas del sector agropecuario brasileño expusieron recientemente que el país dispone de condiciones para llevar su superficie potencial bajo riego hasta 53,4 millones de hectáreas, frente a cerca de 10 millones actuales, una diferencia que podría traducirse en más producción, ingresos y estabilidad para las cadenas agrícolas frente a un clima cada vez más irregular.
Las posibilidades más inmediatas también son considerables. De acuerdo con los datos técnicos presentados por investigadores de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq), alrededor de 6,4 millones de hectáreas adicionales podrían incorporarse al riego en el corto plazo, considerando únicamente superficies que ya están destinadas a la agricultura. Esto permitiría aumentar la producción sin depender exclusivamente de una expansión sobre nuevas tierras.
El desafío no pasa solamente por instalar equipos. Para aprovechar esa capacidad será necesario avanzar sobre disponibilidad y almacenamiento de agua, acceso a electricidad, infraestructura, permisos ambientales y derechos de uso del recurso hídrico, cuestiones que desde hace años condicionan las inversiones de los productores.
Más riego puede traducirse en más ingresos y empleo
El impacto económico aparece como uno de los principales argumentos para acelerar las inversiones. Investigaciones sobre regiones agrícolas estratégicas muestran que los territorios con mayor presencia de riego registran diferencias importantes frente a las zonas donde la producción depende principalmente de las lluvias.
Las áreas estudiadas representan aproximadamente el 8% de la superficie agrícola analizada, pero concentran cerca de 704.000 hectáreas irrigadas mediante pivote central, equivalentes a alrededor del 30% del área nacional abastecida con este sistema. A su vez, participan con aproximadamente el 15% de las exportaciones agroindustriales consideradas en el estudio.
Los municipios con agricultura irrigada también mostraron mejores indicadores de PIB per cápita, valor agregado agropecuario, remuneraciones y acceso al crédito rural. Uno de los casos más contundentes aparece en Bahía, donde la diferencia del PIB per cápita llegó aproximadamente al 253%, mientras que el valor agregado de la agricultura presentó una brecha cercana al 278% frente a otros municipios del estado.
Las simulaciones permiten dimensionar qué podría ocurrir con nuevas inversiones. La incorporación de apenas 1.500 hectáreas irrigadas generaría inicialmente alrededor de R$ 8,27 millones adicionales de valor agregado agrícola, además de nuevos puestos de trabajo. En una etapa posterior, ese aporte podría superar los R$ 13 millones.
El efecto productivo resulta especialmente relevante en cultivos como el maíz. La disponibilidad de agua durante momentos decisivos del ciclo permite reducir pérdidas de rendimiento cuando las precipitaciones llegan tarde o resultan insuficientes. Esa previsibilidad no beneficia únicamente al establecimiento agrícola: también ofrece mayor estabilidad a industrias que necesitan un abastecimiento constante de granos.
La cuestión adquiere mayor peso ante el comportamiento reciente del clima. Brasil construyó buena parte de su competitividad agrícola sobre una producción predominantemente de secano, favorecida históricamente por regímenes de precipitaciones que permitieron obtener grandes volúmenes sin recurrir masivamente al riego.
Esa ventaja comienza a enfrentar mayores desafíos. El estrés hídrico se convirtió en uno de los factores que más comprometen los resultados productivos, mientras aumenta la frecuencia de eventos meteorológicos capaces de afectar cultivos en etapas críticas.
Una expansión millonaria que todavía necesita infraestructura
Convertir el potencial técnico en hectáreas efectivamente irrigadas requerirá una inversión considerable. Las estimaciones difundidas por los especialistas indican que serían necesarios entre R$ 100.000 millones y R$ 150.000 millones para habilitar aproximadamente 6 millones de hectáreas adicionales.
Parte de esos recursos debería destinarse a infraestructura hídrica. Los expertos consideran necesario aumentar la capacidad de almacenamiento mediante represas y reservorios que permitan conservar agua durante períodos de mayor disponibilidad y utilizarla cuando los cultivos la necesitan.
También existen dificultades vinculadas con las autorizaciones para utilizar el recurso. Los productores necesitan derechos de uso de agua y el sector plantea que algunos de los criterios vigentes no representan adecuadamente las variaciones de disponibilidad que ocurren durante el año. A esto se suman los procedimientos ambientales, considerados por especialistas como uno de los principales obstáculos para ampliar proyectos de riego desde hace casi dos décadas.
La electricidad constituye otro punto decisivo. Los sistemas de bombeo requieren redes capaces de abastecer establecimientos alejados de los grandes centros urbanos y una oferta energética compatible con proyectos que funcionan durante períodos específicos y con una elevada demanda.
Los investigadores sostienen además que cualquier estrategia nacional deberá estar acompañada por información hidrológica confiable, monitoreo permanente, investigación científica y planificación de largo plazo. Conocer cuánto recurso está disponible y en qué momento resulta indispensable para autorizar nuevos proyectos sin comprometer ríos, acuíferos ni ecosistemas.
Brasil ya cuenta con conocimiento agronómico, tecnología y una extensa superficie agrícola sobre la cual podría avanzar. El desafío será transformar esas ventajas en proyectos viables y sostenibles. Pasar de los actuales 10 millones de hectáreas irrigadas hacia una fracción mayor de los 53,4 millones de hectáreas potenciales podría modificar la escala productiva del agro brasileño, reducir la exposición a las sequías y ofrecer mayor previsibilidad al abastecimiento de alimentos.
En un país que se encuentra entre los mayores productores y exportadores agrícolas del planeta, la discusión excede los límites de cada establecimiento. La capacidad de asegurar agua durante los períodos críticos puede influir sobre los volúmenes de cosecha, las exportaciones, los ingresos rurales y la seguridad alimentaria, convirtiendo al riego en una pieza cada vez más relevante para el futuro productivo de Brasil. (MasRiego)


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