La incorporación del riego por goteo, la mejora de los sistemas de fertilización y el desarrollo de herramientas digitales han permitido reducir significativamente el consumo de agua en los invernaderos de Almería en las últimas décadas. Una publicación en Plataforma Tierra repasa 50 años de investigación desarrollada en la Estación Experimental Las Palmerillas para mejorar la eficiencia hídrica de la horticultura protegida.
El riego por goteo comenzó a introducirse en Almería en la década de 1970. En 1976 apenas representaba el 2,2% de los cultivos, frente al 97% regado a pie. En 1979 alcanzó cerca del 15% de la superficie y en 1988 ya suponía el 60%. Su expansión estuvo relacionada con el ahorro de agua y mano de obra, un mejor manejo del riego y la fertilización y la posibilidad de utilizar aguas de menor calidad.
Las primeras evaluaciones realizadas en 1984 detectaron problemas de diseño, baja uniformidad en la distribución del agua y deficiencias en los materiales. Aproximadamente la mitad de las tuberías analizadas no estaban fabricadas con materias primas adecuadas. Estos resultados impulsaron la aplicación de criterios técnicos y normas de calidad y contribuyeron a profesionalizar a las empresas instaladoras. Actualmente, alrededor del 81% de los invernaderos evaluados presenta una uniformidad de riego considerada excelente, frente a solo el 4% en 1984.
De la fertilización manual a los programadores y herramientas digitales
La tecnificación también ha transformado la fertilización. Los sistemas manuales fueron sustituidos progresivamente por programadores capaces de controlar con mayor precisión el aporte de nutrientes según las necesidades de los cultivos, además de reducir las necesidades de mano de obra.
Actualmente, los productores disponen de herramientas digitales que permiten calcular tanto el volumen de riego como las cantidades de fertilizantes ajustadas a la demanda del cultivo. Según los datos recogidos por Plataforma Tierra, estas mejoras han contribuido a que alrededor del 80% del nitrógeno aplicado sea recuperado por los cultivos, frente a porcentajes del 20% al 50% registrados en muchos otros sistemas agrícolas.
De 7.000 a 5.000 metros cúbicos por hectárea
La evolución tecnológica ha tenido un impacto directo sobre el consumo hídrico. Los estudios iniciados en 1981 mediante la instalación de contadores en invernaderos comerciales permitieron analizar, durante varias campañas, cómo utilizaban el agua los productores.
Los resultados muestran que el volumen de agua empleado para regar una hectárea de invernadero durante una campaña ha pasado de unos 7.000 metros cúbicos en 1982 a alrededor de 5.000 metros cúbicos en la actualidad. Los análisis indican, además, que el agua aplicada actualmente se aproxima a las necesidades reales de los cultivos, sin aportes excesivos.
La investigación también permitió determinar con mayor precisión las necesidades hídricas de los cultivos protegidos mediante lisímetros, estaciones agrometeorológicas y, posteriormente, mediante sensores climáticos. En las condiciones mediterráneas, la propia cubierta de plástico puede reducir alrededor de un 40% las necesidades de agua respecto al mismo cultivo al aire libre.
Los avances en electrónica y sensores hicieron posible adaptar los métodos de cálculo a las condiciones específicas del invernadero. Este proceso desembocó en herramientas como PrHo, desarrollada en 2008, que utiliza datos de radiación solar y temperatura para calcular la dosis de riego teniendo en cuenta factores como el tipo de invernadero, el blanqueo, la salinidad del agua y la fecha de trasplante. (MasRiego)














